>>Los mercados informales son más que un problema
El comercio informal en el Perú se ha convertido en una actividad no solo común, sino también se ha transformado en parte de la cultura e idiosincrasia peruana. Es así que el tamaño del sector informal en Lima, que era del 59.4 en el año 2000, le resulta totalmente natural a todos. Observar por las calles a diferentes vendedores ofreciendo comida, bebidas o cualquier tipo de artículos a un costo realmente bajo no es algo de qué extrañarse hoy en día.
Pero la realidad de la comercialización informal no solo se refleja en individuos que caminan por las calles cargando su mercadería de manera ambulante, y escondiendo sus pocos productos a la hora en que un efectivo municipal rodea el lugar. Sino que paralelamente a ello existen grandes conglomerados informales, que ocupando espacios públicos se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para los municipios que luchan contra ellos.
Un ejemplo descarado de este tipo de comercialización es del conglomerado Caquetá, en San Martín de Porres, el cual ha estado durante más de 50 años en plena vía pública. Durante todo este periodo de tiempo este lugar ha ejemplificado la realidad de miles de mercados informales en Lima. No solo en cuanto a las irregularidades legales, sino también en cuanto a todo aquello que le rodea a éste.
Delincuencia en los alrededores; contaminación; falta de supervisión sanitaria; molestias a los vecinos; cierre de calles, dificultando el libre tránsito, son solo algunos de los aspectos que rodea a la problemática mencionada. Y si bien es cierto, el pasado 4 de agosto efectivos municipales desalojaron gran parte de espacios públicos en caquetá, aun no se puede hablar de una total victoria por parte de la Municipalidad. Pues para llegar a la meta de desalojar en su totalidad este mercado, como el alcalde de San Martín de Porres declaró en su momento, se necesitará de un arduo trabajo.
En gran medida, esto se ha convertido en un problema que para las municipalidades le es difícil de resolver, debido a que resulta complicado desalojarlos de la vía pública, pues son realmente grandes, y siempre vuelven. Por otro lado, un plan de reubicación no es siempre la mejor alternativa, ya que en muchos casos estas personas se niegan a ello. En cualquiera de estas alternativas, se necesita de un gran presupuesto y un trabajo permanente por parte de la municipalidad.
No obstante, cabe resaltar que esta situación no se debe de apreciar como una historia en donde estos comerciantes son los criminales, los ciudadanos las victimas y el municipio el héroe. Pues si se hace memoria, se tomara en cuenta que estos individuos son producto de una nación en donde el trabajo no abunda y que para sobrevivir a ello se tiene que vivir de alguna manera. Sin embargo se debe de seguir trabajando en pos del bien de toda la ciudadanía.
El comercio informal en el Perú se ha convertido en una actividad no solo común, sino también se ha transformado en parte de la cultura e idiosincrasia peruana. Es así que el tamaño del sector informal en Lima, que era del 59.4 en el año 2000, le resulta totalmente natural a todos. Observar por las calles a diferentes vendedores ofreciendo comida, bebidas o cualquier tipo de artículos a un costo realmente bajo no es algo de qué extrañarse hoy en día.
Pero la realidad de la comercialización informal no solo se refleja en individuos que caminan por las calles cargando su mercadería de manera ambulante, y escondiendo sus pocos productos a la hora en que un efectivo municipal rodea el lugar. Sino que paralelamente a ello existen grandes conglomerados informales, que ocupando espacios públicos se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para los municipios que luchan contra ellos.
Un ejemplo descarado de este tipo de comercialización es del conglomerado Caquetá, en San Martín de Porres, el cual ha estado durante más de 50 años en plena vía pública. Durante todo este periodo de tiempo este lugar ha ejemplificado la realidad de miles de mercados informales en Lima. No solo en cuanto a las irregularidades legales, sino también en cuanto a todo aquello que le rodea a éste.
Delincuencia en los alrededores; contaminación; falta de supervisión sanitaria; molestias a los vecinos; cierre de calles, dificultando el libre tránsito, son solo algunos de los aspectos que rodea a la problemática mencionada. Y si bien es cierto, el pasado 4 de agosto efectivos municipales desalojaron gran parte de espacios públicos en caquetá, aun no se puede hablar de una total victoria por parte de la Municipalidad. Pues para llegar a la meta de desalojar en su totalidad este mercado, como el alcalde de San Martín de Porres declaró en su momento, se necesitará de un arduo trabajo.
En gran medida, esto se ha convertido en un problema que para las municipalidades le es difícil de resolver, debido a que resulta complicado desalojarlos de la vía pública, pues son realmente grandes, y siempre vuelven. Por otro lado, un plan de reubicación no es siempre la mejor alternativa, ya que en muchos casos estas personas se niegan a ello. En cualquiera de estas alternativas, se necesita de un gran presupuesto y un trabajo permanente por parte de la municipalidad.
No obstante, cabe resaltar que esta situación no se debe de apreciar como una historia en donde estos comerciantes son los criminales, los ciudadanos las victimas y el municipio el héroe. Pues si se hace memoria, se tomara en cuenta que estos individuos son producto de una nación en donde el trabajo no abunda y que para sobrevivir a ello se tiene que vivir de alguna manera. Sin embargo se debe de seguir trabajando en pos del bien de toda la ciudadanía.
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